viernes, 7 de marzo de 2014

Reseña: La última canción

Título: La última canción.
Título original: The Last Song.
Idioma original: Inglés.
Autor: Nicholas Sparks.

Páginas: 444.
Editorial: Roca bolsillo.
Año de esta edición: 2011.
Encuadernación: Tapa blanda.
Saga: Libro independiente.
Cuando su madre la obliga a pasar las vacaciones con su padre en un pueblo de Carolina del Norte, Ronnie Miller una adolescente de 17 años, no puede imaginarse una tortura peor. Hace tres años que sus padres se separaron, pero ella nunca lo superó. 

Su padre, concertista y profesor de piano, vive alejado de todo en una casita cerca de la playa, donde Ronnie y su hermano pequeño irán a pasar las vacaciones. En este entorno idílico, Ronnie descubrirá la importancia de los diferentes tipos de amor que pueden poblar la vida de una persona: el que existe entre padres e hijos, el amor por la música y el más importante para ella, el primer amor por un chico. 

En esta novela, que se basa en el guion que el propio Nicholas Sparks ha escrito para la película del mismo nombre –protagonizada por Miley Cyrus–, el autor nos conduce una vez más a través de todas esas relaciones que pueden rompernos el corazón y también por aquellas que conseguirán sanarlo.

Nicholas Sparks no me ha decepcionado. Esta historia me gustó mucho, la verdad que con apenas dos libros leídos de este autor, diré que me encanta su estilo de narración.

La historia no es nada fuera de lo común, tiene cierta similitud con algunas otras de sus obras. Pero es muy tierna. Sin duda, lo que más me gusta es cómo desarrolla las relaciones de los personajes, y cómo estos van madurando. 

La protagonista empezó cayéndome terriblemente mal, era de esas chicas que se hacen las malas, sólo piensan en sí mismas y en cómo complicarle la vida a sus padres. Pero por suerte, esta actitud no dura mucho, y pronto vemos que realmente no es así. A su vez, irá madurando más con la ayuda del comportamiento de su padre y de enamorarse. 

Por otro lado, me gustaron mucho los demás personajes, todos están muy bien realizados. Son sumamente reales y te los puedes imaginar perfectamente. Sin duda, Jonah y Steve me resultaron muy encantadores. Steve sobre todo, con sus reflexiones, sus cuestionamientos y sus actitudes, se me hizo el personaje más complejo y completo de la historia. Will también me gustó, pero me terminé encariñando más con el hermano y el padre de Ronnie. 

Creo que el punto fuerte de este libro, fue la relación entre padre e hija. La última parte me encantó. Ver como Ronnie se da cuenta de todo lo mal que hizo y recomponen su relación. No quiero contar demasiado, pero me pareció realmente hermoso. 

Por otro lado, la relación de amor fue bella. Linda y real, pero... no me terminó de convencer. No lo sé, no me llegó a parecer un enamoramiento de verdad, los vi la mayoría del tiempo más como amigos que en una verdadera relación amorosa. Pero tiene sus momentos tiernos, sin ser empalagoso. 

Me agradó que en los diferentes capítulos se separara por personaje, y que pudiéramos seguir el desarrollo de la historia a través de varios de ellos. El ritmo es muy bueno, y no se hace pesado en ningún momento. Los diálogos son simples y muy naturales, pero que pueden llegar a ser divertidos y a reflejar muy bien las personalidades de los personajes.

A pesar de que por momentos me molestaron algunas cosas, todo tiene un buen sentido al final. Hay una explicación para todo lo que ocurre y se resuelve excelentemente. Quedé totalmente conforme con el final. 

Me gustó mucho que además, tiene una gran enseñanza. Me encontré muy identificada con la protagonista, y al final me cuestioné ciertas cosas, y reflexioné bastante. Y los libros que te dejan enseñanzas siempre serán especiales.

Es una historia preciosa, muy disfrutable. Super fácil y rápido de leer, con unos personajes muy reales y un buen desarrollo. Se plasma una hermosa relación de padre e hijo, que nos dará bastante para pensar, y una sencilla pero preciosa relación amorosa. 

Por primera vez en meses, no sintió nada de dolor; por primera vez en años, tuvo la certeza de que sus preguntas tenían respuestas. Mientras escuchaba la canción que Ronnie había acabado, la canción que su hija había perfeccionado, entornó los ojos con el absoluto convencimiento de que su búsqueda de la presencia de Dios había concluido. 

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